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Fotografía

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Lunes 1 de agosto. Las gallinas del vecino cacarean. Oigo un gallo a lo lejos. Preparo una cafetera. La primera norma de la lista que he colgado en la puerta de la nevera dice que evite las redes sociales hasta el atardecer.

Entonces te veo. Alguien ha compartido una foto donde tú sales. Miras a la cámara, sonríes un poco sin abrir la boca, abrazas a tus amigos.

Ellos hacen poses para que la foto sea divertida. Tú no. Tú pareces concentrado. Te observo mientras voy relamiendo el azúcar que una ensaimada deliciosa me ha dejado en los dedos. ¿Me estás mirando?.

Acerco la imagen y tropiezo con tus ojos. Cruzamos la mirada, la detenemos. Es increíble. Siento cómo te deslizas por mi pupila, cómo das vueltas por la retina. ¡Basta!.

La cafetera tiembla y apago el fuego.

La pantalla del móvil es pequeña así que enciendo el ordenador portátil para verte mejor, como el lobo a Caperucita, y me instalo en la mesa del jardín. Sólo será un momento, para aclarar si son imaginaciones mías. Las vacaciones son para eso, para que trabajen las neuronas.

Caray, la foto sin ti. En tu lugar hay un hueco. Un hueco en medio de tus amigos. Quizás es un truco y has manipulado la foto mientras encendía el portátil. Aunque me pregunto cómo has sabido que quería mirarte. De acuerdo, me estoy liando, sin embargo te he visto, incluso nos hemos mirado, y ahora en la foto sólo queda tu silueta. Parece que hayas saltado de la pantalla. ¿Dónde estás?.

Me estoy inquietando, sabes, y las vacaciones son para ejercitar las neuronas, no para estresarlas. Quiero pensar que no has aprovechado nuestro momento mágico de cruce de miradas para deslizarte dentro de mí.

Claro.

O sea que estás aquí. ¿Qué quieres? No te veo, debes estar escondido alrededor de la retina. Seguro que te has agazapado en el punto ciego.

Eres listo. Igual ya has avanzado por el nervio óptico. Dios mío, entonces irás directamente al córtex y yo no te quiero en mi córtex.

Bastante me costó desembarazarme de ti.

Sal y vuelve a la foto. Inmediatamente. Hazlo ahora o no podrás volver porque reiniciaré mi día sin guardarte. Desaparecerás. Y cuando tus amigos miren la foto se preguntarán de quién es la silueta que hay ahí en medio.

Qué angustia.

Autora: Montse Freixas Rovira
Título: Fotografía

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