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La cajita de madera

// Grupo Mentoring

cajita

El pequeño Miguel sacó la cajita de madera que guardaba debajo de la cama.
-¿Hay un tesoro? – preguntó Aina cuando vio el ojo de la cerradura.
-Sí, – contestó Miguel mientras se sentaba sobre la alfombra y protegía la caja entre sus piernas – ¿quieres que te la enseñe?
Cierra los ojos y no mires.
Aina obedeció al instante.
Miguel, sin perder de vista los ojos de la niña, hurgó en el castillo de Playmobil hasta que encontró lo que buscaba.
-Ya puedes mirar.
Aina abrió los ojos un palmo.
-¡La llave! ¿Puedo abrir yo la caja?
El pequeño Miguel colocó la caja entre ambos y Aina encajó la llave en el agujero: una vuelta, dos vueltas y la tapa de madera se levantó. Un desfile de hadas, dragones y piratas; cisnes, ciervos y lobos; príncipes, brujas y gigantes, salieron de la cajita y llenaron de jolgorio todos los rincones de la habitación.
Aina, fascinada, estiraba los brazos.
-Oh, yo los quiero.
Pero las hadas se convertían en polvo en cuanto las tocaba.
Las brujas revoloteaban entre sus piernas. Un dragón le mordisqueó el dedo pulgar. Y los ciervos corrían y corrían por el techo. No había manera de coger ninguno de aquellos personajes, se le escurrían entre los dedos como si fueran de aire.
-Ja, ja, ja… – reía el niño al ver que Aina se tambaleaba intentando cazar un pirata – No los podrás coger, no pueden ir contigo. Ahora lo verás.
Miguel se puso en pie sobre la cama con la cajita en las manos, levantó la tapa y un remolino de aire engulló aquellos seres fantásticos desapareciendo por completo.
-¡No! -gritaba Aina subiéndose a la cama- ¿Qué has hecho?
Dame la caja, la quiero yo.
Pero cuando se la arrebató de las manos, la cajita cayó al suelo. ¡Pataplaf!
Aina no daba crédito a lo que veían sus ojos: un enorme Genio con cara de pocos amigos.
-Oh! ¿Quién eres tú? ¿Y la caja?
-¿No me conoces? Soy el Genio más poderoso del mundo: el guardián de los recuerdos. Y tú, granujilla, ¿qué querías llevarte, que me has obligado a aparecer de sopetón ?
-Yo sólo quiero la cajita de Miguel. ¿Qué has hecho con ella?
-La cajita de Miguel pertenece a Miguel – dijo el Genio muy serio -, nadie se la puede quedar porque dentro están guardados los cuentos que le han contado sus papás. Pero tú puedes tener tu cajita.
-Ah, ¿ sí? ¿Y cómo? Yo no tengo piratas ni brujas ni ciervos como los que tiene Miguel.
-Escúchame con atención – dijo el Genio mientras paseaba por la habitación – estoy muy ocupado y sólo te lo explicaré una vez. Cada noche, antes de dormir, la mamá de Miguel le cuenta un cuento. Mientras Miguel lo escucha, los personajes van entrando en la cajita para quedarse ahí, bien guardados. Muy pronto, Miguel aprenderá a leer y seguirán entrando en la cajita más personajes fantásticos. De este modo, la caja se irá llenando poco a poco con un montón de amigos que le acompañarán allá donde vaya a lo largo de su vida. Miguel será el hombre más rico del mundo. Y tú también lo puedes ser.
-Pero, Genio, yo no tengo ninguna cajita.
-Pues esta noche, pídele a papá o a mamá que te cuenten un cuento, escúchalo atentamente y luego mira debajo de la cama: allí la encontrarás.

Autora: Montse Freixas Rovira
Título: La cajita de mandera

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